Wednesday, September 21, 2005

Desde la barriga del dharma

9/2/05

A la hora de vivir
fué importante saber
que el amor se adentró en mis huesos
al menos una vez,
que antes de cerar los ojos
y partir hacia otras memorias
necesariamente tenía que amar
para poder partir
tenía que amar para poder apropiar
la experiencia del respiro
poder soltar la sonrisa al aire
para rescatar una vida ambisiosa.

pupila diminuta
en el mar verde de tus ojos
con los párpados alzados
pestañas luminosas
secuestrado y sin sorpresa
al otro lado de tu cuerpo
te apropié
con el presentimiento de saber
eras a quién estaba buscando
para documentar el amor.


4/5/96

El hombre de cabeza rota
no me alcanza
no amortigua la sanación de mis fotos.
Pedestal erecto
al borde de mis pómulos.
No me alcanza las neuronas, la fuerza
para seguir pensando, manoseando y desligando vida.
Te tomas una píldora,
el hombre no me alcanza.
Te ciegas con las piernas rotas
y el hombre no me alcanza.
Sin luz, sin sabor, sin pensamiento,
el hombre o lo que para estrellarme necesito
no da basto.
Sin la debida pausa despierto
con la mente en pedazos
de tanto manoseo rutinario.


11/28/95

Podría evitar
la complicidad de tu muerte
y descartar la hostilidad del ángel
que te absorbe desde adentro,
si me dejases la piel
estupor de cenizas
martillando mis neuronas
y un semen reciclado
recorriendo mis arterias.


1/13/96

Para planificar mi muerte
necesito hacer un recuento de poemas
visitar los cementerios
y los vientos que llevarán
mis cenizas
a algún lugar de la tierra.
Necesito decifrar las manos
y la furia de aquellos que me esperan
en algún lugar.
Necesito saber si leerán mis versos
si los vientos cabalgando mis cenizas
irán lejos.
Para planificar mi muerte
necesito la voz de mis palabras
permanente identidad de piel
rasgada por el fuego
que finalmente destruirá el virus.
Para planificar mi muerte
para planificar tu muerte
las lápidas de piedra
nos hicieron retrasar una paz inmediata
un miedo al inconcluso final de la partida.
Para planificar tu muerte
tuve que recojer mis huesos rotos
e imaginar los cedros inmóviles al viento
cubrir con telas de algodón el espejismo de tu muerte
proyección de tu dolor cuando respiro.
Las últimas palabras al adiós de verdad
que siempre evadimos ante el milagro de los huesos.


1/23/96


Las epidemias nos poblaron de amor
nos infectaron de sorpresas
con imágenes de muertes invisibles.
El amor se pobló de epidemias.
Infecciones recorrieron mi casa
para descubrir a las abuelas
que nos amaron desde la esquina más estrecha del mar,
desde la hamaca más lejana
donde los cuentos y los santos
guarecían sus simientos.
Las epidemias poblaron el amor de profecías
de hijos aglutinados
en la roca más absurda de algún rio
pariendo un amor de incontinencias.
La epidemia nos pobló de querencias, de urgencias
nos llenó de palabras
infectó al padre con la vulnerabilidad más cercana
la del hijo que fornica de espalda
hermanos se convierten en amantes
hermanas deforman solidariamente
sábanas que intentan recobrar espantos,
sobrinos que amontonan el amor oportunista
para llorar de vez en cuando la memoria
amor de epidemias
trastorno de los barrios
querencia de la muerte,
familias que retornan al querer a corto plazo.









1/25/96



Las fotos perturban el aire
los amigos que partieron para memorizar
una ausencia con la cual yo no contaba
un vacío impregnado en el papel que se enmarca
para no derrotarse entre las cosas
para no doler más en el rostro
que nos sonríe instantáneo.
Las fotos me traicionan los objetos
los que guardo para no descomponerme
para no palpar la kaposis detrás de un cristal.
Observo las torres fabricadas de papel
los cuadros de metal que me transforman
regresivamente o quizás en blanco y negro
para lidiar con el dolor
y sinergéticamente desolarme.
Infecciones corren los espejos
negativos en papel de versos
saboteando el recuerdo
pronuncian el rostro
cuando la sal del sol alumbra.